domingo, 30 de septiembre de 2007

Calamares en su tinta

Cuando comenzamos a sentir un zumbidito como ultrasonido que nos volvía locos y nuestros oídos parecían estallar en millones de fragmentos y trastabillábamos y comenzábamos a vomitar y a enceguecernos con esa luz enorme que se iba transformando en llamarada, en infierno, en hedor a muerte, a despojo y ya no nos veíamos por la humareda densa, acre, con olor a vísceras, a pura desolación y caos,
a lágrimas que parían de ojos que se diluían en humor vítreo y se desintegraban en córneas, cristalinos, miradas que no eran más que imaginación y en las galeras y en los sótanos de los barcos atronaban alaridos/bramidos de bestia original en cautiverio, ALGUIEN alcanzó a preguntarse qué más daba haber sido cigoto o clonoto y ¡qué urdimbre de prejuicios! - pues ambos habían sido realidad -; qué más dio haber nacido de la fusión de óvulo y espermio; del amor o la barbarie; de la incisión certera en la médula ósea o en el cordón umbilical de H o M; de haber sido aprobado o recluido en la Isla de los Indocumentados; qué más daría de quién heredaste el color de tu pelo y tu piel, tu idioma, tu patria acotada y agotada; qué más da entonces, si ya no eres NADA, si ya no somos; si ni siquiera tenemos miedo y el silencio va creando una nueva luz donde NADIE cabe porque no hay NADIE, ni persona humana ni diploide, ni disputa de la palabra HUMANIDAD ni narración ni narradores y los libros NADIE los escribirá, NADIE los leerá porque el Gran Cuento Final ya ha sido escrito.


Por Sonia Cienfuegos

sábado, 29 de septiembre de 2007

El árbol de los calzones

En el árbol cuelgan cientos de calzones: rojos, amarillos, celestes, rosados, negros, con encajes, bordados, cortos, largos. Nadie sabe cómo han ido a parar allí, pero cada cierto tiempo aparecen colgados en el árbol mecidos suavemente por la brisa de la mañana.
Las discusiones del matrimonio traspasaban las paredes. “Es que él era un hombre muy celoso”, recuerda una vecina, “siempre se escuchaban sus discusiones, gritos y llantos por toda la población”, rememora.
La mujer salía un par de días a la semana y esa situación molestaba al marido. Ella exigía sus derechos: “Me canso de las labores de la casa: lavar, planchar, hacer la comida, el aseo. Tengo derecho a salir”, decía, mientras se quitaba el exceso de rouge con un trocito de papel.
Para el hombre la situación era insoportable, de tal suerte que cuando su mujer regresaba al hogar con gran escándalo la desvestía y le sacaba los calzones y luego, meticulosamente, los olía en busca de pruebas, de la infidelidad, del olor ajeno. Pero los calzones emanaban el olor de ella. “¿Por qué tiene que ser todo tan aburrido y monótono?”, pensaba ella tendida sobre la cama mientras el hombre forcejeaba hasta quitarle la prenda de la discordia.
Antes de llegar a su casa la mujer se arrimaba al árbol, se sacaba su calzón, lo lanzaba al ramaje y luego se colocaba uno limpio.
Antes de dormir, satisfecha, suspiraba; él roncaba.
Con el tiempo el árbol de los calzones se transformó en un lugar de veneración para las mujeres del barrio. Cuando tenían problemas se quitaban el calzón, se colocaban de espalda al árbol, hacían la consulta y con los ojos cerrados lo lanzaban hacia él. Según donde quedase se podía interpretar su significado. Luego, antes de dormir, soñaban.

Por Pedro Guillermo Jara

lunes, 17 de septiembre de 2007

Te confieso

Siempre que voy al supermercado paso por el pasillo de las carnes, no compro nada, sólo paso para verlo a él. Se llama Pablo, trabaja alli hace dos años, es casado, vive a tres cuadras de la casa de mi hermana, tiene tres hijos; dos mujeres y un hombre, va tres veces a la semana a ese supermercado; Lunes, Jueves y Domingos, los demas dias trabaja en la competencia pero sus jefes no lo saben ellos creen que vive fuera de santiago y que no puede venir el resto de la semana a trabajar, tiene 38 años, moreno, alto, pelo negro y corto, delgado, manos firmes. Cada vez que voy le pido medio kilo de filete, se lo pido trozado, espero que lo saque del mostrador, que lo troze, mientras lo hace hago como que me suena el celular e invento que me equivoque y que no es nescesario que lleve la carne, él me mira y me sonrie, ya me conoce y sabe que cada Jueves voy a venir a pedirle medio kilo de filete que no voy a comprar. Me fascina su sonrisa. Cuando llego a mi casa sueño con que Pablo, el hombre de la carniceria me sonrie.
Bueno, la verdad doctor, es que cada Jueves mi marido llega con una bolsa plastica que trae medio kilo de filete trozado a la casa.

sábado, 15 de septiembre de 2007

El cuaderno rojo

Era el primer cuaderno entero para él solo de toda su vida: tamaño cuartilla, cuadriculado, de tapas duras y rojas, lleno de hojas vírgenes para llenar de garabatos, retratos de papá, de mamá y el hermanito, y los primeros ensayos de palabras. A Pablo le hizo muchísima ilusión. Tanto que a mamá le dio no sé qué el abrirlo y saborear las señales y símbolos de la vida interior de Pablo. El día que mamá, como quien comete un robo (o al menos así se sentía) entró al cuarto de Pablo, abrió el cuaderno y leyó davi muetro y tato malo sintió un sudor frío, corrió al ritmo de su corazón a la cuna, en su dormitorio, pero cuando llegó, Pablo, con la almohada aún entre las manos, ya había dejado de apretar.

Por Diego Lezaun

viernes, 14 de septiembre de 2007

Alguien

Maria corre por el pasillo de su casa, necesita contestar ese llamado, ella sabe quien llama sin embargo una sensación extraña la recorre ...
- Aló
- Por favor no me sigas llamando, entiende de una vez!
- Omar! no cuelgues, nesecito hablar contigo, es urgente ... Es verdad lo que te dije la ultima vez, estoy embarazada ... Omar?

Cuelga el teléfono, sabe que lo que acaba de confesarle a Omar no sirvio de nada, que tendrá que seguir llamandolo a su celular día tras día. Omar siempre le hacia lo mismo, la llamaba y le cortaba. Es la quinta vez que le devuelve el llamado en un mes, al parecer Omar despues de todo sigue queriendo escuchar la voz de Maria ...

Mirame

- Donde estoy?
- Maria, mira! la mujer despertó y me esta hablando
- Donde estoy?
- Tranquila señorita no se mueva mucho, la ambulancia ya viene en camino
- La ambulancia? .. Qué paso?

Renata miraba al hombre que le hablaba mientras en su mente algunos recuerdos comenzaron a aflorar ....

- Renata, estoy cansado. Te agradeceria tanto si te callaras un momento!
- No me voy a callar!! Y sabes que si hay alguien cansada aqui esa soy yo, tú me tienes cansada Rodrigo
- Dejate de hacer escandalo
- Escandalo? Te parece que decirte la verdad es hacer un escandalo?
- Tu haces escandalo por todo
- Te odio!!!
- Me da igual. Y dejate de hablar que me desconcentras
- Para el auto! .... Rodrigo, parame el auto!!
- No
- Parame el auto!!!! Yo no voy a seguir aqui contigo, me da lo mismo si tengo que caminar toda la noche pero yo me bajo de este auto ahora!
- Quieres que terminemos con esto de una buena vez? Quieres que te deje en paz?

En ese momento Rodrigo pisó fuertemente el acelerador del auto y cambio la dirección bruscamente, se dirigian a un barranco ...

- Me esta escuchando?
- Que paso con la persona que iba conmigo?
- Tratamos de sacarlo del auto pero no pudimos, parece que el caballero fallecio

jueves, 13 de septiembre de 2007

Callate la boca!!

Maria Paz:
Me atrevi a escribirte, sé te va a parecer extraño pero algo me hizo hacerlo. Te cuento que aqui todos te extrañan te fuiste tan niña que debo admitir que muchos no se acuerdan de tu cara, los demas cada vez que bajo al pueblo me preguntan por ti, yo les invento cosas como que te vas a casar, les cuento sobre mis nietos y tus aventuras de niña. Lo único que puedo hacer para recordarte es inventarles anecdotas. Como esta tu mamá? Sigue cocinando como antes? Aún le dan dolores de cabeza los domingos en la tarde? Todavia le gusta pintarse los labios de noche? Puedo apostar que aún le da nauseas el olor a vainilla! La recuerdo, la recuerdo mucho. Sigue trabajando con Magdalena en la fuente de soda? Como me gustaria verla otra vez y conversar como antes; del invierno, de sus colores favoritos, de su gusto por las almendras confitadas, de tantas cosas. Y tu tio Ramiro, que es de él? También recuerdo su cara y sus corbatas de colores!!... Por que no vienes a verme? yo puedo pedir que nos hagan ese postre que tanto te gusta y podemos caminar por el patio como cuando eras niña y sacabas las flores de las plantas de la vecina para regalarmelas. Tenemos tanto que hablar, tanto que contarnos. Yo tengo amigos nuevos, tú talvez ya estas casada. Ven, te voy a estar esperando, aúnque si no quieres venir esta bien, después de todo yo soy sólo un viejo. Se despide con cariño.

Papá

Al terminar de leer la ultima palabra escrita Paz la doblo, la metio al sobre donde venia y la fue a dejar al asilo. Le pidio a la enfermera que porfavor se la devolviera a "Don Pedro" y que no lo dejaran mandar más cartas. Aprovechó de decirle, a la amble enfermera, que el próximo lunes iba a venir a pagar la mensualidad ...