Siempre que voy al supermercado paso por el pasillo de las carnes, no compro nada, sólo paso para verlo a él. Se llama Pablo, trabaja alli hace dos años, es casado, vive a tres cuadras de la casa de mi hermana, tiene tres hijos; dos mujeres y un hombre, va tres veces a la semana a ese supermercado; Lunes, Jueves y Domingos, los demas dias trabaja en la competencia pero sus jefes no lo saben ellos creen que vive fuera de santiago y que no puede venir el resto de la semana a trabajar, tiene 38 años, moreno, alto, pelo negro y corto, delgado, manos firmes. Cada vez que voy le pido medio kilo de filete, se lo pido trozado, espero que lo saque del mostrador, que lo troze, mientras lo hace hago como que me suena el celular e invento que me equivoque y que no es nescesario que lleve la carne, él me mira y me sonrie, ya me conoce y sabe que cada Jueves voy a venir a pedirle medio kilo de filete que no voy a comprar. Me fascina su sonrisa. Cuando llego a mi casa sueño con que Pablo, el hombre de la carniceria me sonrie.
Bueno, la verdad doctor, es que cada Jueves mi marido llega con una bolsa plastica que trae medio kilo de filete trozado a la casa.
lunes, 17 de septiembre de 2007
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1 comentario:
holas
jejeje esta linda la historia me gusto mucho
que estes bien cuidate mucho
un beso
adios
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